BEATIFICACIÓN DEL CARDENAL CIRIACO MARIA  SANCHA Y HERVÁS

EL CARDENAL  CIRIACO MARIA  SANCHA Y HERVÁS
DE FAMILIA HUMILDE

¿Quiénes somos?

¿Dónde estamos?

Beatificación

El Siervo de Dios, Ciriaco Sancha y Hervás,  Su vida abarca, pues, casi tres cuartas partes del siglo XIX y la primera década del siglo XX. Años estos de verdadera convulsión en la vida social, política y eclesial de España, con sus repercusiones en las colonias españolas de ultramar. Liberalismo, carlismo, el  derrocamiento de la Monarquía, la masonería, el anticlericalismo, fueron acontecimientos que marcaron la vida y el ministerio sacerdotal y episcopal de Ciriaco Sancha y Hervás., Ciriaco nace el 18 de junio de 1833 en Quintana del Pidio, provincia de Burgos, por entonces dependiente eclesialmente de la Diócesis de Osma. Fue el séptimo de los hijos del matrimonio de Ambrosio Sancha y Baltasara Hervás. De familia profundamente cristiana, pasa su infancia en la escuela y asistiendo al catecismo. Trascurren los años y, en vista de un futuro sacerdotal, el párroco del pueblo empieza a darle algunas lecciones de latín y el maestro es el encargado de aleccionarle en gramática, pulirle la ortografía e iniciarle en humanidades. Ciriaco, en medio de grandes penurias económicas, se muestra esforzado en los estudios, trabajador en el campo con su padre, de carácter moderado y enérgico y espontáneo en su religiosidad.

SACERDOTE EN CUBA

Comienza así una nueva etapa en la vida de D. Ciriaco. En Cuba desarrolló una fecunda labor apostólica, orientada en gran medida al servicio y alivio de los damnificados por la primera guerra de Independencia cubana; a tal fin fundaría en 1869 las Hermanas de los pobres inválidos y niños pobres, en la actualidad Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. Dos años antes, en 1867, moría de forma repentina el Arzobispo de Santiago de Cuba, Don Primo Calvo, quedando vacante la sede isleña. La revolución de 1868, y la posterior proclamación de la República, abrían un triste capítulo de anticlericalismo en España. Un grave incidente se produjo cuando el gobierno eligió a Pedro Llorente Miguel para ocupar la diócesis de Santiago de Cuba; candidato de dudosa conducta, no llegó a recibir de Roma la bula de nombramiento para ocupar la sede cubana. Se abría un cisma en aquella archidiócesis (1‐agosto‐1873), que provocó el ingreso en prisión de don Ciriaco y don José María Orberá y Carrión –encargado temporalmente de aquella Diócesis por permanecer fieles a la Santa Sede. Esta fidelidad, troquelada a lo largo de un año de encarcelamientos, se vio reconocida en ambos clérigos con la dignidad episcopal en los primeros compases de la Restauración.

RASGOS  DE SU PERSONALIDAD

El Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás se destacó por su fina inteligencia, una proverbial modestia y  gran constancia para llevar adelante grandes proyectos.

Un gran hombre, ejemplar cristiano, virtuoso Obispo que forjó su personalidad entre los muros del Seminario y al que el Señor llamó para servirle en esta Diócesis, en Santiago de Cuba, y más tarde ‐ya en España‐ como Obispo auxiliar de Toledo, Obispo de las Diócesis de Ávila y de Madrid‐Alcalá, Arzobispo de Valencia y, finalmente, Arzobispo de la Sede toledana donde murió tras serle concedida la dignidad cardenalicia.


Hombre abierto a la vida del Espíritu, sensible a toda forma de vida consagrada y fundador de tres familias religiosas. Organizó el movimiento católico contemporáneo en España desde sus inicios; fue el pastor que condujo a la Iglesia española en circunstancias muy difíciles.
Un hombre al que veremos muy pronto en los altares como modelo de Pastor, fidelidad a Cristo y la Iglesia.

CIRIACO SANCHA   FUNDADOR

Ciriaco María Sancha y Hervás fue el primer formador de las hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. Quien asumió este ministerio conjuntamente con el de Superior  mayor y acompañante Espiritual de cada una de las hermanas desde  su formación inicial hasta su consagración en la Congregación  el día  5 de Agosto de 1869.
Acompañó a muchas de las hermanas que residían en otras ciudades por medio de la comunicación frecuente, empleando el modo de cartas, estas eran exhortaciones espirituales y la vivencia de las normas establecidas en el instituto para su mayor organización. La vida fraterna fue otro aspecto bien relevante para el Cardenal Sancha, pues era tan fundamental que las hermanas en las pequeñas comunidades se amaran y se preocuparan las unas por las otras, asumiendo así la palabra de Dios en el mandamiento del amor.

Entre las cartas que el Padre  Sancha escribió a las hermanas y las Constituciones Primitivas podemos delinear el perfil de la religiosa que el fundador soñaba  para sus hijas.

En los documentos mencionados nuestro fundador fue reiterativo en la “imitación a Jesucristo, enfatizando el sacramento de la Eucaristía, la vida de intimidad con el Señor aún en medio de las calles y las plazas, donde debían de estar para conseguir la alimentación de los pobres del asilo. Eso unido al “cuidado de los pobres y mirando en ellos la persona de nuestro Señor Jesucristo, por cuyo amor debemos hacerlo todo.

Asumió en su espiritualidad eucarística rasgos fundamentales: La entrega de Jesús al proyecto del Padre por la salvación de la humanidad, la alegría propia de la fiesta, el banquete que celebra la familia de Dios reunida en asamblea, en la cual canta, ora, se expresa en gestos, palabras signos y ritos.

Ciriaco Sancha  propone a las hermanas  fundadas por él, un Cristo para vivirlo con gran alegría, pero sin olvidar que para seguirlo es necesario pasar por la cruz.  Dio mucha importancia a la ascética, al acompañar el dolor de la gente.

Para el fundador, la religiosa debía ser  una mujer feliz, viviendo su consagración en el servicio alegre y desinteresado; realizado con amor, sencillez, humildad y fortaleza de ánimo. Persona de oración, pero activa, amable, agradecida, detallista, responsable, emprendedora, de un amor entrañable  hacia los pobres, signo de su Carisma y espiritualidad.

Según Sancha la religiosa  debía vivir sus votos y Constituciones como un compromiso de fidelidad a Jesús, en una vida de familia según la espiritualidad benedictina, que impulsó su proyecto asumiendo la oración, el trabajo, la hospitalidad, el respeto y deferencia para la hermana que está ejerciendo una función de responsabilidad en la comunidad.

OBISPO AUXILIAR DE TOLEDO

El 13 de marzo de 1876 recibía la consagración episcopal de manos del Arzobispo de Toledo, don Juan Ignacio Moreno, como Obispo auxiliar de la Diócesis primada. Añadía a su primer nombre el de María, por su devoción a la Madre de Dios. Ejerció su ministerio sobre todo en Madrid, que dependía eclesialmente de Toledo, y allí estuvo encargado de la vida consagrada. Asimismo, preparó el camino para que Madrid fuera erigida diócesis; en su ministerio se impulsó la construcción de un templo en honor de Santa María de la Almudena.

OBISPO DE ÁVILA

Seis años más tarde, en 1882, ante la delicada situación de la Diócesis de Ávila por el estado de salud de su Obispo, don Ciriaco María fue nombrado para aquella sede habiendo dado, según apunta el informe de la Secretaría de Estado de Su Santidad, “pruebas evidentes de su saber, de su prudencia, de su ejemplarísima conducta, de su piedad, de su celo y de su sincera devoción y adhesión a la Santa Sede y a la augusta persona del Santo Padre”.

OBISPO DE MADRID  ALCALÁ

En Ávila pasaría seis años hasta que en 1886 fue preconizado Arzobispo de Santiago de Compostela, diócesis que nunca llegó a ocupar.  Promovido en octubre de 1884 para ser el primer Obispo de Madrid‐Alcalá, la Santa Sede contemplaba en él no sólo su fuerte adhesión al Santo Padre, sino también su agudeza de mente y la constancia en llevar a cabo sus proyectos.

ARZOBISPO DE VALENCIA

 

Pero su ya fecunda vida no estaba llamada a terminar aquí. En 1892 se piensa en él para ocupar el Arzobispado de Valencia. Nuevamente, aunque con dolor, acepta el honor que el Santo Padre le hace y le manifiesta sus deseos de “servir fielmente a la Iglesia y al Estado, cuyos interesescomunes deben andar siempre unidos, y acrecentarse al amparo de la armonía y de la paz.

El 17 de noviembre de 1892 hacía su entrada en Valencia. Se encontró con una realidad muy compleja y convulsa por su desarrollo industrial y la presión que el republicanismo anticlerical ejercía sobre los obreros. En 1893 organizó el primer Congreso eucarístico nacional. Su inquietud social le llevó a fundar el Consejo Nacional de las Corporaciones Católico‐Obreras, del que sería presidente. En este contexto se inscribe la peregrinación nacional obrera a Roma que organizó con motivo del jubileo episcopal del Papa León XIII, y que congregó a 18.000 obreros de toda España en abril de 1894. En el consistorio del 18 de mayo de ese mismo año don Ciriaco María era nombrado Cardenal.

 

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